Un primo me transmitió lo que parecía una de esas ridículas cartas electrónicas de cadena del internet. En lugar de contener cosas inútiles, la carta contenía una descripción gráfica y brillante de como casi insignificante pequeño nuestro mundo es en comparación con otras estrellas y planetas en el universo. Nuestro sol – el que vemos todos los días y que es un millón de veces el tamaño del mundo – no es ni siquiera un punto de lápiz junto a la supergigante estrella masiva, Antares.
“Es humillante, ¿no?,” pregunta la carta.
Ni por un momento. Al contrario: ¡es excitante! A pesar de nuestro tamaño tenemos vida con lo que sabemos – hasta ahora – tocante el resto del universo, que parece ser generalmente un vacío grande y frío, una masa gaseosa.
La carta llegó a aproximadamente al mismo tiempo que vi uno de esos informes de noticias acerca de un padre regresando de la guerra. El soldado llega a una escuela para sorprender a su hijo, en este caso el niño estaba trabajando en una pequeña mesa con otros tres compañeros. Sus compañeros lo ven, y uno de ellos suspira con bastante ruido. El muchachito se arremolina alrededor totalmente, y en su reconocimiento de su padre vuela a través de la aula, sus zapatillas blancas y negras poco apenas tocando el piso. El poder de ese momento me deja siempre mudo, sin palabras. En contraste, el tamaño de una superestructura universal y los misterios de miles de millones de galaxias palidecen.
Al lado del invencible y presumiblemente inerte Antares, somos grandes.
Descubrimientos recientes sugieren que existe algún tipo de vida en los lugares más inhóspitos del universo – fantástico!… pero eso no es lo que somos. Podría ser también cierto que la vida humana en la tierra – a un ser superior en el universo – podría ser equivalente a las pequeñas cosas onduladas primordiales desde que nosotros llegamos. ¿Y qué?
Por supuesto, en algunos seres humanos, su sentido de ellos mismos se valen tanto para producir los egos más grandes que Antares. Estos egos, también pueden emitir gases sulfurados. Sean como pueden, no reducen el hecho verdaderamente increíble que somos parte de una experiencia masivamente enorme y brillante que sigue para siempre, cualquiera que sea nuestro propio destino personal. Nuestra incapacidad para comprender el tamaño y la totalidad del universo es lo que los hace humildes.
Hace muchos años que estuve atrapado en una discoteca en Nueva York a medianoche cuando el año 1977 le daba la bienvenida al 1978. En medio de la multitud, una pareja bailaba lentamente, ellos en su propio mundo. Solitos, continuaron bailando como en un sueño.
Yo los mire con gran afección y me sentí feliz de ser parte de todo.
Leyendo la carta del Internet me dio oportunidad de pensar si la pareja llegó a casarse y tener hijos y si ellos son prósperos, sanos y felices, es decir, en comparación con Antares sólo mil millones de años de luz en la distancia.
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