Criticado por la aprobación de una ley muy débil de derechos civiles en 1957, aunque era la primera ley de derechos civiles aprobada por el Congreso en casi un siglo, el Senador Demócrata, como líder de la mayoría, Lyndon B. Johnson, respondió diciendo que era sino un primer paso para mayores ganancias por delante. Ocho años más tarde, un paquete mucho más amplio de los derechos civiles si se convirtió como la ley del país. La historia de aquellos años – narrada por Robert Caro en su nuevo libro, The Passage of Power – tiene consecuencias reales para los partidarios contemplando la nueva versión de el propósito conocido como el Dream Act.
Reformistas en la arena política siempre tienen que confrontar el concepto de cambio incremental como una posibilidad táctica y partidarios de la ley Dream no son diferentes. El Dream Act es más que una forma de ampliar la ciudadanía a los alumnos de colegio cuyos padres los trajeron al país y que han pasado la mayor parte de su vida aquí. El Dream Act representa parte de la evolución de la población HispanaLatina. Incluye in realidad la existencia de los 11-12 millones de HispanoLatinos que permanecen en el país sin autorización en el propio momento cuan toda la población HispanaLatina, legal o de otro tipo, necesita avanzar rápidamente.
Un problema es que la política de hoy no es la de 1957, cuando Lyndon Johnson y su compañero tejano, el Presidente de la Camara de Diputados, Sam Rayburn, fueron capaces de utilizar sus enormes habilidades políticas y poder para lograr lo que a pesar de las críticas fue un logro histórico. Hoy en día, no existe tal liderazgo en Washington para impulsar el Dream Act – o mucho de cualquier legislación de importancia para el resto de la población HispanaLatina o, de hecho, de todo el país.
Incluso más problemática es la diferencia en el fondo de las dos piezas de legislación. La ley de 1957 buscó fortalecer la dignidad de cada individuo por el avance de la protección de su derecho al voto. La versión del Dream Act reducida no impulsa la dignidad de los HispanoLatinos. De hecho, la propuesta de Marco Rubio convertiría a habitantes HispanoLatinos a un grupo de segunda clase – sin la ciudadanía. Su intento no es el progreso pero crear política para sí mismo.
Que tardó ocho años para lograr legislación significativa de los derechos civiles es un hecho histórico que partidarios del Dream Act y HispanoLatinos generalmente deben considerar en cómo planear su camino. La Ley de Derechos Electorales de 1965 sólo se logró después de Johnson como Presidente había incautado el impulso emocional del asesinato del Presidente Kennedy en Dallas en 1963 que también formo parte de su gran triunfo en las elecciones presidenciales de 1964. La etapa política presente no asemeja a cualquier parte de ese período en la historia estadounidense.
Los líderes del movimiento Dream Act, quizás sin saberlo, tienen en sus manos el comienzo de cómo los HispanoLatinos se van a definir ellos mismos en el futuro. Los lideres del movimiento tendrán que decidir si el nuevo propósito es aceptable o si ellos van insistir que el Congreso aprobé el paquete entero o, todavía si, un paquete más amplio, incluso la reforma migratoria, que implica averiguar cómo aumentar el poder de la votación de los HispanoLatinos, el sólo dinámico que puede cambiar todo.
Los votos de la comunidad HispanaLatina forman el nuevo Lyndon Johnson – excepto que no se han convertido en el tipo de poder político que Johnson usaba para lograr éxito.
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